Como en casa
Volando sobre las terrazas de mi barrio, por allá en la plaza del Bonsucés. Había mucha gente. Unos estaban conversando entre cerveza y cerveza en las terrazas. Otros iban con demasiada prisa hacía alguna parte.
Y entre la multitud, un hombre de mediana edad con la mirada de haber vivido demasiado. La ropa sucia. De pertenencias, dos cartones y una bolsa de plástico.
Se paró delante de la fuente y esperó a que unos niños acabaran de beber y reanudaran su partido de fútbol.
Sacó una pequeña radio de la bolsa, la sintonizó en los deportes y la colgó en uno de los extremos de la fuente. Después, un espejo en el otro extremo. La brocha, la crema de afeitar, la cuchilla, el champú, el desodorante, el gel, el dentífrico y el cepillo de dientes.
Como con mi mochila, fue sacando uno a uno todas las cosas que necesitaba en ese momento y las colocó en el pie. Y así, tranquilamente y sin pudor, fue aseándose.
En medio de la multitud, los gritos y las prisas se paró el tiempo. Era su pequeño momento.

